Si existe algo más famoso después de los Trolls y del grupo A-HA en Noruega, eso es el "Queso Marrón" de Cabra. Tan importante como la mantequilla de maní para los americanos o como Snoopy para Charlie Brown, es infaltable en cualquier refrigerador noruego... y no exagero.
Cuando me enteré de su existencia, fue alabado como cualquier peruano hablaría del ceviche y pues con tales referencias no veía el momento de poder probarlo. Escuché hablar sobre el bendito queso por casi seis meses, hasta que el esperado día llegó.
Pero había un problema, necesitábamos un corta queso, cosa casi imposible de encontrar en un supermercado. No quedaba otra que ir a buscar debajo de todas las piedras de la Huyustus, es que había que cortarlo como se debe, sino le quitábamos el glamour al asunto.
Despúes de 2 horas de caminata, encontramos el aparatejo, que para colmo nos costó casi 50 bolivianos, "...es que señorita, este Tramontina es brasilero, así nomas no va a encontrar casera. Lleve nomás, bueno es siempre!".
Me tomé mi tiempo para poder decifrar entre las letras góticas de la etiqueta una sola palabra "Geitbrunost", que gracias a la gramática aglutinante del noruego son tres en una: cabra-marrón-queso. Hubo algo de excepticismo al ver el color, pero que esperaba si lo lleva bien claro en el nombre! En fin, fue una chispoteada como la que suele pasar cuando por primera vez te preguntan de qué color era el caballo blanco de San Martin.
Ahora todo estaba listo: pan de molde, mantequilla, dos rodajas de queso marrón y mis pupilas gustativas dilatadas al 100% esperando el primer masco, ese que das sin pensarlo cuando sientes que el hambre te va a matar, pero lo que me mató fue otra cosa.
Cuando me enteré de su existencia, fue alabado como cualquier peruano hablaría del ceviche y pues con tales referencias no veía el momento de poder probarlo. Escuché hablar sobre el bendito queso por casi seis meses, hasta que el esperado día llegó.
Pero había un problema, necesitábamos un corta queso, cosa casi imposible de encontrar en un supermercado. No quedaba otra que ir a buscar debajo de todas las piedras de la Huyustus, es que había que cortarlo como se debe, sino le quitábamos el glamour al asunto.
Despúes de 2 horas de caminata, encontramos el aparatejo, que para colmo nos costó casi 50 bolivianos, "...es que señorita, este Tramontina es brasilero, así nomas no va a encontrar casera. Lleve nomás, bueno es siempre!".
Me tomé mi tiempo para poder decifrar entre las letras góticas de la etiqueta una sola palabra "Geitbrunost", que gracias a la gramática aglutinante del noruego son tres en una: cabra-marrón-queso. Hubo algo de excepticismo al ver el color, pero que esperaba si lo lleva bien claro en el nombre! En fin, fue una chispoteada como la que suele pasar cuando por primera vez te preguntan de qué color era el caballo blanco de San Martin.
Ahora todo estaba listo: pan de molde, mantequilla, dos rodajas de queso marrón y mis pupilas gustativas dilatadas al 100% esperando el primer masco, ese que das sin pensarlo cuando sientes que el hambre te va a matar, pero lo que me mató fue otra cosa.
Tuve un flashback a 1985 cuando mi abuela nos compraba los toffees Ambrosoli de Butterscotch, les juro que sentí ese mismo sabor, pero como si el toffee realmente hubiera expirado en los ochenta. Tenía una confusión tremenda, es dulce? es salado? se habrá malogrado en el avión? Pero después de verlo a André devorando su sandwich sin respirar, no tuve más que aceptar la realidad... esta cosa sabe a meeelaaa!!!
Después de un año saqué como conclusión que el queso fue una especie de presagio, ingenua yo que pensaba que iba a ser fácil adaptarme a Noruega. Pero si bien estoy un poquito más aclimatada al lugar, no creo que alguna vez pueda aceptar que el "Geitbrunost" sabe bien.
Después de un año saqué como conclusión que el queso fue una especie de presagio, ingenua yo que pensaba que iba a ser fácil adaptarme a Noruega. Pero si bien estoy un poquito más aclimatada al lugar, no creo que alguna vez pueda aceptar que el "Geitbrunost" sabe bien.
Pero la lección fue aprendida: no debo tener grandes expectativas sobre lo desconocido.
Uno nunca sabe si va a ser dulce o salado.
Una prueba de que los noruegos se han dado cuenta de que el queso marrón es un gusto adquirido, es este genial comercial de Kvasir, que es el "google noruego".Es hablado en inglés, créanme que intente ponerle subtítulos en español, pero nada! Ojalá que todos lo entiendan y sino, que alguien les eche una mano, todo sea por conocer al queso marrón!
3 comentarios:
Carla,
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Buenisimo hermana...y te digo que este blog servira mucho de ejemplo para personas que esten con esas incertidumbres. Eres una persona refuerte que siempre saldra adelante..TQM, Monica
Muy bueno sobrina. Los mejores deseos y persiste en todo lo que hagas, estoy seguro que lo lograrás. Se te extraña, pero igual te recordamos.
Prometo cocinarte un buen cau cau y uan chanfainita con papa amarilla para que se chupen el dedo.
De tu tío el mas gordo, (pienso)
Segundo
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